¿Por qué dejamos para mañana lo que podemos hacer hoy?

Procrastinar es un verbo poco común en nuestro lenguaje cotidiano, pero se refiere al hábito de postergar actividades que se deben atender inmediatamente, a causa del estrés que nos generan, sustituyéndolas por otras más agradables.
El autor del libro explica que procrastinar es una tendencia de todos los seres humanos, debido a que le damos más valor emocional al presente que al futuro, tendemos a ver este último como incierto y por ende motivo de estrés.
La procrastinación está emparentada con la impaciencia, ya que en ambos casos sobre estimamos lo inmediato, al punto de abrumarnos.
La inmediatez causa dos efectos –añade Partnoy- influenciados por dos variables: costo y beneficio. Cuando se trata de un beneficio, el impaciente “se convierte en un glotón, demandando y consumiendo más de lo que debería. Pero cuando lo que es inmediato es un costo, el impaciente se vuelve un procrastinador, posponiendo lo que debe hacer ya”.
Este experto recomienda empezar a cambiar dicho comportamiento como quien empieza una dieta para bajar de peso, empezando con simplemente estar conscientes de qué es lo que comemos, en nuestro caso, de qué es lo que deja para después.
“Decirnos a nosotros mismos que antes de posponer una tarea, debemos darnos una única razón de peso que explique por qué no la vamos a hacer en el momento, y debemos comprometernos a completar la tarea en el futuro, poniéndole una fecha de realización específica en nuestra agenda”.
Partnoy compara a los que dejan para después con aquellos adictos al alcohol, el cigarrillo o alguna otra droga, y dice que es más probable que ellos puedan dejar sus vicios gracias a que pueden simplemente imaginarse un futuro sin consumir.
Pero para los que procrastinar es diferente, porque ellos no pueden imaginarse un futuro en el que hagan todo al mismo tiempo, el simple hecho de imaginarse un escenario en el que hacen todo lo que deben, les hace sentir ansiedad.
“Mientras que las tentaciones más fuertes pueden identificarse y ser controladas con reglas personales, la preferencia por los esfuerzos tardíos, la incomodidad y el aburrimiento nunca podrán ser controlados totalmente”. Esta es la explicación del gran poder que ejerce la ansiedad en nuestro ‘no dejes para mañana lo que puedes hacer hoy’.
Sin embargo, Partnoy dice que hay trucos para engañar esta ansiedad que nos generan las tareas inmediatas, lo que el llamó procrastinación estructurada.
Entender que cuando el transtorno es muy marcado se puede deber a autoestima baja, algo que lleva a pensar que no podemos con una tarea, y que a su vez nos causa angustia fracasar realizándola. También se puede deber a un perfeccionismo marcado que nos origina ansiedad al no tener una garantía clara de éxito en la acción a realizar.
Anotar en una lista los pendientes del día, e ir chuleando aquellos que ejecutamos y a los que no, describir brevemente por qué no los realizamos, así iremos teniendo una noción del porqué de nuestro retraso.
En una lista de obligaciones, poner primero las más importantes y por ende las que causan más ansiedad y aburrimiento, aquellas que eventualmente no serán ejecutadas. Y poner a lo último unas pocas que no generen mayor molestia por ser fáciles.
Con la premisa de que quienes procrastinan “con frecuencia siguen el camino erróneo” se puede inferir que al tender siempre a minimizar su compromiso, asumiendo que las tareas que tienen son solo unas pocas, ellos pueden dejar de procrastinar y realizarlas, solo por el hecho de que por ser pocas y fáciles se convierten en las más importantes.
Después de ello ocurre algo que el autor llamó ‘ley de la inercia del procrastinador’ ya que con el impulso que le dieron las tareas fáciles es capaz de ejecutar el resto de tareas.

POPULAR POSTS

Loading
Con la tecnología de Blogger.